no hubiera dado todo en un principio
no hubiera sido la noche en tu espalda
ni congelándote de frío.
De haberlo sabido
me hubiera ido sin decirte nada
no hubiera sido tan duro contigo
no habria corazón en la garganta
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido
fue volverte a ver
Me sobran motivos
pero me faltas tú sobre la cama
y ahora las calles están llenas de bandidos
cuando necesito de tu madrugada
cuando ya te has ido
cuando me parte en dos el alma
no hubiera dudado en quedarme contigo
de haber sabido como yo te amaba
Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver
Estás dormida. Uno, dos, tres chorros de vapor salen por la chimenea antes de que nada se mueva. Depronto, un piñón gira cuarenta y cinco grados y se detiene súbitamente. De algún lugar se desprende una lágrima, que se desliza sobre un tubo de pvc cortado longitudinalmente. la lágrima cae tres pulgadas abajo de tu ombligo, ligeramente a la derecha, -porque nadie es perfecto-. tu pierna derecha se estremece (también lo hace la izquierda) y el estremecimiento empuja a la primera lágrima hacia un nuevo viaje. Rodea tu pelvis, y el sudor que se le junta le ayuda en su camino debajo de tu muslo derecho.
Cuatro, cinco, seis chorros de vapor por la chimenea de acero inoxidable. Cuarenta y cinco grados para una nueva lágrima. Tres pulgadas abajo de tu ombligo, ligeramente a la izquierda, -porque nadie es perfecto- la lágrima emprende camino por tu cintura y tu muslo izquierdo hasta ver de frente a su hermana mayor.
Pongo toda mi fé para que siete, ocho, nueve chorros de vapor, cuarenta y cinco grados de giro del piñón, y medio tubo de pvc dejen que la última lágrima de la noche atraviese tu sexo, lenta, plácidamente, se detenga a degustarte tantas veces como sea posible y le deje a tu cuerpo un sabor a mi alma en la memoria para que cuando despiertes yo esté tan presente como ahora, y tengamos un amor de despiertos, como todos los demás.